miércoles, 22 de mayo de 2013

ESTRENO DESMONTANDO EL MONTAJE!!!


¡Los invitamos al estreno del documental del 4F!
Será el 8 de junio a las 19h en la sala RAI de Barcelona

Si desean venir por favor confirmen la asistencia en esta dirección de correo:
estrena@documental4f.cc

indicando los nombres de las personas que asistirán y un contacto telefónico.

¡Les esperamos!

+ info
http://documental4f.cc/

Patricia Heras no se olvida


Hola! ya estamos próximos para el estreno del documental del 4F, el sábado 8 de junio del 2013 Ya les avisaremos, seguramente mañana, para que podáis acompañarnos, a qué hora y donde. Son 7 años desde que esta pesadilla empezó y ahora, por fin!, y gracias a muchas hermosas personas que nos ayudaron, podremos presentar un documental-denuncia, de lo sucedido. Mientras, los dejo con algunos textos que encontré en internet. Un abrazo y fuerza!!!
Mariana


 http://guerrerosdelteclado.wordpress.com/2013/05/04/patricia-heras-no-se-olvida/


“Patricia Heras Méndez, nacida en Madrid (España) el día 17 de octubre de 1974, hija de Fidel y de María, vecina de Barcelona, solvente, carente de antecedentes penales y en situación de libertad provisional por razón de ésta causa”. El texto está extraído de la sentencia del juzgado de instrucción número 8 de la Audiencia Provincial de Barcelona de enero de 2008, que la condenó a tres años de prisión al considerar probado un delito de atentado de los artículos 550, 551.1 y 552.1 del Código Penal (sobre “atentados contra la autoridad, sus agentes y los funcionarios públicos, y de la resistencia y desobediencia”). El “atentado” en cuestión es, según la sentencia, haber lanzado una valla metálica contra un agente de la Guardia Urbana de Barcelona y haberle causado una contusión y un hematoma en el tobillo que no necesitó de asistencia médica. La “causa” es una historia llena de sombras de la Barcelona obsesionada con la imagen y la seguridad a la que el documental 4F está echando luz. Patricia Heras es esa mujer de la que nadie hablaría si no se hubiera suicidado. Lo dice con tanta crudeza como acierto en el documental uno de los pocos periodistas que la rescató del olvido y escribió sobre su muerte, ocurrida hace ahora dos años.  
4F, que se estrenará a finales de mayo, hizo público un teaser del documental hace una semana, coincidiendo con el segundo aniversario del suicidio de Patricia Heras. El equipo que está detrás del documental lleva mucho tiempo investigando el caso y recuperando su memoria y la historia de todos aquéllos  -nueve en total, jóvenes y sin antecedentes penales todos ellos, muchos de origen extranjero- que fueron encerrados en prisión por lo que sucedió en la calle Sant Pere més Baix, en el corazón de Barcelona, hace ya siete años, cuando un controvertido altercado entre policías y los asistentes a una fiesta multitudinaria que se celebraba en una teatro okupado se saldó con un agente de la guardia urbana herido en el cráneo de mucha gravedad, que quedó tetrapléjico. Era la madrugada del 4 de febrero de 2006, pocos días después de que hubiera entrado en vigor la “Ordenanza de medidas para fomentar y garantizar la convivencia ciudadana en el espacio público” impulsada por el entonces responsable de seguridad municipal, Jordi Hereu. La normativa, diseñada para atajar los comportamientos “incívicos” que tanto deslucían el escaparate de la Barcelona que quería estar siempre guapa, se aprobó con mucha polémica y acabó con las precarias relaciones entre los socios del gobierno tripartito municipal. Algunos de los que lo vivieron recuerdan la atmosfera de tensión y la obsesión por la seguridad del que meses después sería alcalde de la capital catalana.
La historia de Patricia es la de una muchacha poco convencional con un tablero de ajedrez recién esculpido en el peinado y una bicicleta desaparecida, como la de Rodrigo Lanza, que salió de la prisión de Quatre Camins en diciembre pasado, es la de una maceta que se barrió con una escoba. El drama amargo que intenta desmontar el documental es el de una venganza policial, una investigación irregular y un proceso judicial sin garantías (en el que el Ayuntamiento actuó de acusación), en el que se condenó a un grupo de jóvenes sin pruebas y en base al relato de los tres urbanos que acompañaban en la patrulla al herido, dos de los cuales serían años más tarde condenados por torturas. Palabra contra palabra, la de los chicos “okupas” y “sudacas” no tuvo valor.
El documental 4F, como han defendido siempre algunos testigos y amigos, sostiene que hubo efectivamente una maceta, esa que recogía un primer informe policial citado por el entonces alcalde socialista, Joan Clos, hasta en dos ocasiones, y que fue el tiesto, lanzado desde el edificio, el causante del impacto que dejó al agente tetrapléjico y no la supuesta piedra que los agentes aseguraron que tiró Rodrigo Lanza durante una escaramuza a pie de calle. Clave hubiera sido encontrar también la bicicleta, esa que hizo caer esa noche a Patricia en otro sitio de Barcelona y acudir a curarse al Hospital del Mar, donde fue detenida mientras esperaba que le hicieran una radiografía. Pasó varios años en libertad provisional y tras dos meses en Wad Ras le dieron el tercer grado, más o menos libre de día, presa de noche. Rodrigo Lanza pasó dos años en prisión preventiva, uno en libertad provisional y tres de nuevo en la cárcel. Cinco de encierro en total, porque el Tribunal Supremo ratificó las sentencias y a él le aumentó medio año la condena.
Desconcierta leer la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona y constatar que, estando en el hospital del Mar, Patricia y su amigo Alfredo Pestana, que cayó con ella de la bicicleta, fueron identificados “plenamente” por el agente número 24.738 como dos de los responsables de haberle lanzado una valla metálica en el pie cuando fue “informado telefónicamente” de su “concreta vestimenta y la peculiaridad de sus peinados”. Bastó eso para detenerlos en el hospital y para encontrarlos culpables en el juicio, aunque ellos aseguraran que no tenían nada que ver y que no habían estado ahí. Inquieta leer que ese mismo agente fue objeto de una denuncia por maltrato y torturas archivada por el mismo tribunal que juzgó el caso (aquí está la que presentó Juan Daniel Pintos). Pone los pelos de punta saber que años después, en octubre de 2011, ya identificado con nombre y apellido, el guardia urbano Bakary Samyang y su compañero Víctor Bayona, otro de los testigos “clave” del juicio del 4F –convertidos a la vez en víctimas, acusación particular y testigos en el proceso- fueron condenados por la Audiencia Provincial de Barcelona por haber torturado en 2006 en la comisaría de Zona Franca, pocos meses después de los sucesos de Sant Pere més Baix, a un estudiante de Trinidad y Tobago, Yuri Jardine, tras haber intentado manipular los hechos e incriminarlo como camello. Una no puede dejar de preguntarse qué hubiera pasado en este caso si no fuera porque Jardine, al contrario de los condenados por el 4F, era hijo de diplomático.
El caso 4F está poco documentado en los medios pero lo está mucho en la red. Lo está en la plataforma de apoyo Desmontaje 4F y en el blog Presos 4F Barcelona, que se abrió en junio de 2006 para difundir el caso de los tres latinoamericanos detenidos, Rodrigo Lanza, Álex Cisterna y Juan Daniel Pintos y retenidos desde el primer día en prisión preventiva sin fianza, acusados de “atentado contra la autoridad y lesiones graves agravadas por uso de arma”. El blog documenta los cinco días que duró el juicio oral y recopila todo lo que se publicó en prensa. También lo está en el blog ¡¡Rodri Libre ya!!, abierto en mayo de 2009, y en la web del grupo de apoyo al 4F de Zaragoza, que recopila mucho material audiovisual. Todos ellos incluyen las acciones y las protestas frecuentes de los grupos de apoyo, los relatos de amigos y familiares sobre lo que sucedió, vídeos con varias entrevistas a Rodrigo Lanza e, incluso, cartas que escribieron algunos de ellos desde prisión. Ésta es la que escribió Patricia Heras en diciembre de 2010, la colgó alguien posteriormente en su blog, Poeta muerta. Y éste es uno de los últimos posts que colgó, el 4 de febrero de 2011, en el quinto aniversario del 4F, cuando ya tenía el tercer grado. En abril calló.
En una carta abierta que Mariana Huidobro, la madre de Rodrigo Lanza, envió a Jordi Hereu tras su muerte la califica de “espíritu hermoso y bueno, pero herido y sufriente”. Y denuncia: “Patricia era un ángel que necesitaba sus alas para volar, y ustedes se las cortaron”. Patricia contó en una entrada, 4F sucesos para normales, lo que ocurrió la noche en que todo empezó. Había salido de casa, confesó, “más feliz que una perdiz” dispuesta a lucir “su nuevo corte de pelo a lo Cindy Lauper”. Hasta que la catapultaron de camino al infierno.
                                                        
26 de abril de 2013
Es demasiado tarde para el caso 4F y este texto no es necesario.
A quienes no conozcan esta historia ocurrida el 4 febrero de 2006 en Barcelona, seguramente les sobrecogerá, hará que su vello se erice. Las que escribimos este texto lo hacemos así, con los pelos de punta.
Aquellas y aquellos que no han oído hablar de Patricia Heras, de Rodrigo Lanza o de las otras siete víctimas de estos acontecimientos, seguramente también sentirán algo más al oírlos, al leerlos por primera vez: es posible. Reconocerán algo de Barcelona, o de sus propias ciudades, en esta tragedia. Y ahí reside lo atroz, en el terror institucional consentido del que queremos esbozar unas cuantas ideas aquí.
Una chica, una bicicleta, la noche. Un peinado en forma de tablero de ajedrez, a lo Cindy Lauper.
Todos somos piezas de un tablero enorme que es nuestra ciudad.
Alfil a c6. Caballo a b4.
¿Quién ha distribuido los cuadrantes que todos reconocemos, por los que nos movemos sin pensar siquiera en salirnos de la trayectoria? ¿Quiénes han determinado los movimientos que cada ficha está obligada a realizar para seguir en el juego? ¿Quiénes deciden qué ficha somos?
Barcelona hervía, era respirada a miles de ritmos distintos, aún estaba viva antes de 2006. La Ordenanza de Civismo que el Ayuntamiento de la ciudad aprobó ese mismo año la convirtió en un tablero de ajedrez, con espacio sólo para el blanco y el negro. Para las fichas nobles y para los peones. Se inició un proceso que -en nombre del crecimiento, la seguridad, la limpieza y el civismo- expulsa fuera del tablero a quienes no se adaptan. Y fuera del tablero está la nada.
Desde entonces nos imponen la postal. Arte institucionalizado, rutas comerciales, producción industrial de imágenes controladas. Se confirma el modelo de ciudad-escaparate, un espacio para ser admirado desde fuera, de paso, desde el otro lado del cristal. No puedes actuar ni interactuar con ella.
Quienes sobrevivimos aquí no salimos en la foto. Tenemos nuestras propias postales. Éstas viajan de mano en mano, por rutas periféricas, fuera del foco. La presión es tan grande e inasible al mismo tiempo que, de pronto, nos vemos justificándonos por ser. Nos vemos envueltos en un recuerdo fascista que en teoría -eso dicen- no vivimos de cerca.
Esta historia habla de jóvenes libres que, envueltos en una ficción policial cada vez menos inaudita, tuvieron que esforzarse por ponerse un disfraz. Tampoco les sirvió de nada el maquillaje de la normalidad, porque quienes dictan las normas del juego son los que siempre utilizan la palabra antisistema.
El proyecto Desmuntatge 4F nos habla de que las instituciones se equivocan, mienten, torturan y se protegen entre ellas incluso más allá de las leyes que ellas mismas aprueban. Todo vale para defender la muralla, su muralla. Habla también de cómo esa construcción se ha instalado en nuestras cabezas para hacernos creer que más allá de la misma no hay nada, que al otro lado estaríamos perdidos. Hace siglos los barcos se precipitaban en los límites del mar, en los límites de las mentes.
La impronta del sistema, su uso de la comunicación y de los medios, hace que lo aceptemos de forma natural, casi inconsciente. Pero ahora escasean los recursos, el presupuesto para financiar el espejismo se agota. Sus esfuerzos por acomodarnos, callarnos y desviar nuestras miradas son cada día más inútiles. Por eso nos están apretando y por eso es urgente que descubramos -de la mano de este documento sobre el totalitarismo en democracia- que los resquicios de vida se hallan precisamente en los márgenes del tablero. Desde aquí podemos gritar que la corrupción judicial, política y policial -y su inmunidad- existen y nos alcanzan.
Nos dan de lleno.
Como escribió una de las voces más cercanas a Patricia Heras, ella obliga a la sociedad, nos obliga a mirarnos en un espejo roto.
Este documental no será una película. No fue una ficción. Y podríamos haber sido cualquiera.
Es la historia de una chica anónima que paseaba en bici por nuestras calles y que quiso hablar para siempre.
 
El estreno del documental será a finales de mayo de 2013.