jueves, 12 de mayo de 2011

Artículo en el Diario de Vurgos

Abro la caja y está vacía

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4F_indulto

El pasado 26 de abril de 2006 Patricia Heras, una de las personas encausada en el proceso judicial conocido como 4F decidió de forma voluntaria quitarse la vida. Con este trágico gesto Patricia puso fin al infierno que se había iniciado con su detención arbitraria en un hospital aquel 4 de febrero de 2006 y que llevó a incluirla en un sumario que llevaba el término culpable redactado de ante mano.

Patricia Heras inicio su particular viaje al infierno aquella mañana del 4 de febrero de 2006 en la que fue detenida junto con un amigo en un hospital de Barcelona. Un infierno personal que la llevo de hospitales a comisarías, de salas de interrogatorios a tribunales de justicia, donde al parecer esta brilla por su ausencia. Un infierno personal que se completó conuna sentencia de prisión efectiva por una acusación con la que nada tenía que ver y por la que hasta el 26 de abril se encontraba en régimen de tercer grado.

Patricia decidió que no quería volver a dormir a la cárcel y se despidió de nosotros con un trágico gesto que le devolvió la libertad arrebatándole la vida.

Patricia había sido detenida la misma mañana en la que se produjeron los hechos que dieron pie al proceso jurídico que durante todos estos años se ha conocido bajo el nombre de 4F. Aquella mañana había sufrido un accidente de bicicleta y trasladada en ambulancia junto con su amigo a un hospital donde fueron trasladados algunos de los jóvenes que habían sido detenidos horas antes en las cercanías de la calle Sant Pere Mes Baix. Estos jóvenes, entre los que se encuentra Rodrigo Lanza actualmente en prisión por estos hechos, habían sido detenidos por haber supuestamente agredido a un agente de la Guardia Urbana. Sin embargo desde un primer momento hay que tener en cuenta que todos los acusados afirman que lo que agredió al policía fue una maceta lanzada desde una de las ventanas del edificio. El propio Joan Clos, alcalde de Barcelona en la época, habló publicamente de un informe policial que se refería a una maceta para inmediatamente despues cambiar la versión de los hechos ante el temosr que el ayuntamiento de la ciudad condal se viese perjudicado al corresponderle la titularidad del local donde se estaba realizando la fiesta.

La Guardia Urbana procedió a su detención porque Patricia respondía al “perfil estético” del “peligroso okupa” que andaban buscando para completar una operación represiva que ahora trataré de explicar y mostrar de esta manera un sumario convincente.

Patricia

Para entender cómo se produjeron aquellas detenciones en Sant Pere Mes Baix y las posterior detención de Patricia en el hospital es recomendable escuchar el programa en el que Radio Onda Expansiva entrevista a Mariana, madre de Rodrigo Lanza, y a un compañero del grupo de apoyo con los procesados donde se explican las claves de este proceso.

Es preciso también señalar que durante el desarrollo de la vista oral uno de los peritos que participó en el juicio dijo textualmente que era imposible que una supuesta piedra lanzada a ras de suelo hubiera causado las lesiones craneales que presentaba el agente. Un testimonio que a pesar de todo no fue tenido en cuenta.


La detención de Patricia Heras aquella mañana en el hospital responde a una de las constantes por la que parece regirse la justicia desde tiempos inmemorables: no interesa tanto buscar a los autores materiales responsables de los hechos sino encontrar perfiles sobre los que cargar la culpabilidad de los mismos. Carpetazo al asunto.

Patricia, que había acudido a un hospital tras haber sufrido un accidente, estaba en el lugar y la hora equivocada, pero sobre todo encajaba con un determinado perfil que la policía buscaba, a saber, joven, de aspecto “alternativo”, con heridas en el cuerpo. Para policías y jueces argumentos necesarios que certificaban su culpabilidad.

Antes de despedirse de la vida Patricia dejó escrito un poema que hiela la sangre y nos habla del infierno que vivió durante estos años:

“Absolución”

He ahorcado a mi inocencia.
Su orgullo adolecido aún voraz no impide que se mee encima,
su belleza efímera,
expira con los últimos latidos suplicantes.
Perdida entre flujos corporales viscosos y detritos.
La he visto patalear rabiosa e indefensa hasta morir,
parecía más humana que yo,
en su rostro desfigurado leo un pánico sumiso y crudo
que me arde entre las piernas…

Le he cortado el cuello a mi ilusión,
la colgué de un semáforo ciego
y vi cómo se desangraba incrédula,
borboteando nerviosa,
vi el dolor brillar muy cerca,
se fue apagando velado tras su mísero destino.

Abro la caja y está vacía.

Que la tierra te sea leve, Patricia

Modesto Agustí

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